Todo lo que quería saber, era conocer a Jesús

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Por Karlene Lynn

Pocos meses antes de ir a morar con su Salvador, en mayo de 1995, Karlene Lynn escribió su testimonio.  El Pastor Mike Gendron la condujo al Señor, la bautizó, la discipuló y la enterró.  Karlenne había aceptado al Señor, dieciocho meses antes de morir.  Ella había sido monja por diez años y nunca había oido el Evangelio ni había abierto una Biblia.  Después del Consejo II del Vaticano (1962-1965) hicieron algunas recomendaciones modificando las restricciones que rodeaban a las monjas en su vida diaria, ella vio lo poco importante que era la vida religiosa para las monjas a su alrededor y por poco sobre un ataque de nervios.

Aún en sus ropas de monjas, esta gente era de naturaleza secular.  Eventualmente ella le escribió una carta al Papa Juan Pablo II pidiéndole una dispensación de sus votos como monja.  Una carta fue recibida durante el verano del 1967 dispensándole su deseo.  Ella dejó el convento y se fue a Cedar Rapids, Iowa, donde encontró un trabajo enseñando en la escuela local como maestra de quinto grado.

Esta es su historia, como ella la escribió y como fue leída por el Pastor Gendron en su funeral.  La introducción y los versos de la Escritura, los cuales dicen la verdad y aseguran su vida eterna con el Señor, la prepararon para su muerte.

¿Por qué escribí mi testimonio?

Tengo 55 años de edad y he estado batallando con el cáncer por siete años.  Me he sentido movida a escribir este testimonio antes de morir, lo cual creo será muy pronto.  Fui católica por cincuentaitres años y medios y como monja por diez años.  Fui salva, por la gracia de Dios dieciocho meses atrás.

Mi primer contacto con la verdad

Un día conocí al Pastor Mike Gendron, que dirigía una campaña evangelística para alcanzar a los católicos romanos llamadas “Proclamando el Evangelio”.  El estaba regando literatura especialmente escritas para católicos.  Como católica nunca me interesé en leer ninguna de esa lieteratura porque estaba segura que iba al cielo.  Nunca había tenido una Biblia hasta hace poco.  Después de todo, yo era católica, no necesitaba una.  De hecho, durante diez años estuve en el convento con más de doscientas monjas, teníamos una Biblia entre nosotras, pero nunca la abríamos.  Recuerdo que durante mis diez años en el convento, todo lo que deseaba era conocer a Jesús.  Nunca supe lo fácil que era conocerle.  ¡La Biblia estaba tan cerca!  Más sin embargo, no estábamos motivadas a leerla por nuestra cuenta.

Un Contraste Claro

El Espíritu Santo no me dejó.  Semanas más tarde, nosotras fuimos invitadas a una pequeña reunión para estudiar la Biblia, orar y tener compañerismo.  Mike compartió el Evangelio conmigo y me motivó a leer una publicación que me esneñó la diferencia entre lo que la Biblia católica enseña y lo que el catecismo católico enseña.  Cuando lo leí, me molesté con él, porque hacía parecer, a mi iglesia, mala.  Poco sabía yo, él tan sólo quería que yo escogiera entre creer en la Palabra de Dios en vez de las enseñanzas de los hombres para mi salvación.  El sabía, que era imposible para cualquiera creerle a ambos.  “Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro” (Mateo 6:24).

Fue por la explicación de Mike y el acercamiento a mi para examinar “mi fe” en sus errores que yo entendí que no era salva.  Esto me dio un nuevo deseo de dedicarme al cristianismo, dejar la Iglesia Católica Romana y recibir a Jesucristo como mi Salvador personal.  “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí” (Juan 14:6).  “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (San Juan 5:24).  Muy poco después, el Pastor Mike me bautizó haciendo pública mi fe.  Yo sabía que mi bautismo de infante tan sólo era un ritual insignificante.  Yo siempre le rogaba a Dios que me dejara encontrar a Jesús y que fuera usada por El.  El me concedió ese deseo, y ahora soy una cristiana, salvada por la preciosa sangre de mi Salvador.

Redención a través de Su Sangre

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quién tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia.  (Efesios 1:3,7).

Bautismo de los Creyentes

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4).

Mi oración de muerte

Estoy en la puerta de la muerte.  Estoy lista para irme con mi Señor.  El me ha llamado y yo le he recibido.  El Pastor Mike pronto oficiará la celebración de “mi ida al cielo”.  Mi oración ahora es por la salvación de mi familia católica que estarán en mi funeral.  Yo espero que mi muerte les traiga vida como las maravilosas Nuevas de mi Salvador proclaman.  ¡Entonces, también ellos, concoeran a Jesús y recibirán Su más preciado regalo de vida eterna!  “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

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